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La nutrición prostituida

Coca Cola recomendada por personal sanitarioAhora está de moda en la televisión añadir una frasecita a todos los anuncios de comida basura que se emiten, como si la frase justificase que uno se pudiera hinchar, sin consecuencias, de cualquier alimento por absurdo que este resulte para su salud o para el mantenimiento de su peso dentro de unos límites razonables. Por ejemplo, he visto recientemente anuncios de cereales de desayuno altamente azucarados, de helados, chocolates o patatas fritas que nos recomiendan llevar un estilo de vida saludable -algo difícilmente compatible con comer estos alimentos de manera frecuente- y que muestran una frase tipo en la pantalla mientras se emiten. Esta frase, que comparten todos los anuncios de comida basura, es parte del plan HAVISA (Hábitos de Vida Saludable), de la fundación Alimentum, y cuenta con el aval del Ministerio de Sanidad y de AECOSAN (Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutricion).

Los médicos recomendaban fumar CamelBueno, pues ya os AVISO, sin hache, que el plan HAVISA, con hache, es un timo de proporciones majestuosas que cuenta con el aval de nuestros políticos en forma de apoyo institucional y colaboración de Ministerios y Agencias Estatales, que aparentemente se preocupan de regular cualquier cosa excepto la salud de los ciudadanos a los que deberían representar y salvaguardar. En mi humilde opinión, el plan HAVISA es la prostitución de toda la ciencia de la nutrición llevada a cabo con el beneplácito de casi todos los agentes implicados en este campo, y con el único objetivo de engañar vilmente al consumidor y engordar las cuentas de resultados de unas empresas alimenticias sin escrúpulos. Veamos quién es quién en este malévolo engranaje y como logran deformar la realidad, darnos gato por liebre, y confundir tremendamente al consumidor.

La Fundación Alimentum, promotora del plan HAVISA, según ellos mismos se definen en su web, es «una organización privada sin ánimo de lucro, cuya misión es mejorar la calidad de vida y el bienestar social, a través de la promoción de iniciativas que respondan a los retos e inquietudes que la sociedad demanda en relación con la Alimentación.» Y esto, que suena tan grandilocuente sin realmente decir nada concreto, se lo voy a traducir yo para que lo entiendan mejor: La Fundación Alimentum es un invento de los fabricantes de alimentos basura, presidida por el presidente de honor de Danone, vicepresidida por el presidente de Hero España y por el presidente de Unilever España y cuyos vocales son entre otros el presidente de Bimbo, el consejero delegado de Calvo, el CEO de Campofrío, el director general de Coca Cola, el director general de Ferrero Ibérica, el consejero delegado de Grefusa, el director general de Kellogg’s, el director general de Mondelez España, el director general de Nestlé España, el de Pescanova, Panrico, Wrigley… y no sigo que me da la risa ya que todas y cada una de las empresas que fabrican productos alimenticios de dudosa utilidad para nuestra salud están representados en esta pantomima de fundación. A otras empresas que también están ahí, como el Grupo Pascual, que siempre he creído que realmente se esforzaba por producir productos de calidad buenos para nuestra salud, se le debería caer la cara de vergüenza por promocionar las mismas mentiras que los anteriores con tal de arañar un puñado de ventas más y aparecer en la misma foto.

La Coca Cola en los hospitalesPues bien, esta empresa -que es de lo que esta fundación se trata en realidad, pues persigue el fin concreto de promocionar un tipo de alimentación que favorece sus intereses comerciales- y que representa específicamente los intereses de las grandes empresas de alimentación que la forman, es la que regula a través de la publicidad en la televisión qué es saludable para nosotros y qué no lo es. Por eso, no es de extrañar que el plan HAVISA -con hache- les AVISE -sin hache- que ustedes pueden comer y beber tanto azúcar como quieran siempre y cuando luego se pongan sus mayas y se vayan a correr cuales zorros asustados, que es en lo que nos convierten con sus proclamas alarmistas sobre el colesterol y la enfermedad cardiovascular entre otras cosas.

Las marcas adheridas al plan HAVISA son, entre otras, Coca Cola, el grupo Pepsico, Nestlé, Danone, Campofrío, Panrico Donuts, Mondelez Internacional, Unilever y Kellog`s, todas ellas conocidas como todo el mundo sabe por recomendar abiertamente que se beba únicamente agua del grifo y se cene un filete fresco de pollo a la plancha con verdura o ensalada ¿verdad? No, en realidad recomiendan más bien lo contrario. Esta misma Fundación Alimentum recomienda en su web, citando textualmente a Miguel de Cervantes -que como todos sabemos fue un eminente nutricionista del siglo XVI ¿no?- que comamos poco y cenemos menos, eso sí, supongo que después de haber almorzado un buen vaso de Coca Cola o una Pepsi, un par de donuts, una pizza, algún bollicao, unos cuantos Actimel y Bio, cereales azucarados y quién sabe que otro alimento precocinado y altamente procesado de los que ellos fabrican y promueven. ¿Qué credibilidad tiene una fundación cuyos lemas sobre la nutrición estás basados en las paranoias que escribió un escritor del siglo XVI sin formación medica o nutricionista alguna? ¿Qué credibilidad tiene una fundación gestionada por los peces gordos de la industria alimenticia que promociona que no cenemos, algo que es diagonalmente opuesto al concepto de nutrir nuestro organismo? Pues eso, ninguna. Y sin embargo, ahí tenemos a todo el mundo repitiendo como papagayos las proclamas de la supuesta vida saludable que leemos en televisión.

Cartel de un médico promocionando los Lucky Strikes¿Acaso puede alguien extrañarse de que el mensaje que cale en la población es que lo importante para conservar la línea y la salud no es lo que se come, sino lo que uno se mueva a diario para quemar todo eso que se come? ¿Es razonable que sean los grandes productores de alimentos altamente azucarados los que dicten las pautas de la nutrición en este y otros países? ¿Pero que tipo de broma de mal gusto es esta? Es como si el lobo nos diera las indicaciones de cómo construir corrales y nosotros fuésemos tan idiotas que las siguiéramos y los construyésemos como él quiere, facilitándole la entrada. Bueno, pues en la vida real, somos así de idiotas o incluso mucho más, porque le hacemos la ola al lobo, adoptamos sus dogmas, nos creemos sus mentiras y casi que nos parece bien que se lleve nuestras gallinas por la noche.

Y lo que resulta realmente patético y desconcertante es, en general, lo poco que hacen los verdaderos profesionales de la nutrición al respecto. ¿Porqué no son los dietistas y nutricionistas lo que regulan la publicidad de la alimentación? ¿Porqué se permiten anuncios de alimentos enfocados a convencer a los niños de lo que es bueno para ellos en base a sus dibujos animados favoritos? Ciertamente sabemos -porque no se esconden- que muchos médicos y nutricionistas están directamente comprados por estas mismas marcas comerciales, pero, ¿y el resto? ¿Será cierto que los licenciados en nutrición humana creen que es saludable comer donuts, helados, chocolates, cereales de desayuno, refrescos azucarados y demás guarrerías con tal de salir a sudar un poco por las tardes? Es vergonzoso que no alcen la voz y su cómodo silencio contribuye a la prostitución de su profesión, prostitución de la que son cómplices necesarios.

Anuncio de un médico recomendando CamelSe trata de una cadena prostituida desde su inicio, porque si resulta que es el propio fabricante de alimentos basura el que dicta lo que es bueno y lo que es malo, y la pasividad de los profesionales les permite salirse con la suya o incluso los apoyan, mal vamos. Esto nos debería recordar a cuando las tabaqueras proclamaban en Estados Unidos el siglo pasado que fumar era incluso bueno para nuestra salud. Pero es absolutamente cierto que no usamos la historia para aprender de ella, sino para deformarla a nuestro antojo. Estoy convencido que las generaciones futuras verán los anuncios televisivos de alimentación que están permitidos hoy y nos tildarán de idiotas integrales, que es lo que pensamos nosotros mismos hoy de nuestros mayores cuando vemos los anuncios que se usaban hace unas décadas y que adornan este artículo.

Cualquiera podría pensar que yo he tenido que hacer un ejercicio de investigación complejo para descubrir quién es quién, pero lamentablemente lo único que he hecho es buscar en Google quién pone la frasecita de marras en los anuncios, porque estaba ya harto de verla, algo que podían hacer los expertos en nutrición del ministerio -que digo yo que alguno habrá de carrera y no enchufado- antes de cerrar este tipo de acuerdo y patrocinio con los fabricantes de comida basura, porque no creo que alguien ponga en duda que estos fabricantes producen toneladas de comida basura cargada de azúcar y otras lindezas a diario, y que han sustituido en nuestra dieta los productos frescos altamente nutritivos por su basura envasada altamente procesada y carente de nutrientes de calidad.

Nosotros, los consumidores, tenemos el derecho y el deber de actuar responsablemente y levantarnos para decir ¡basta! Basta de mentiras, de engaños, de sesgar la realidad, de decirnos que la comida basura es saludable siempre que nos movamos, de decirnos que el azúcar es un nutriente y que tenemos que consumir azúcar, y de pretender que nos pasemos el día con unas mallas corriendo y saltando como monos para quemar toda esa energía carente de verdaderos nutrientes que ingerimos merced a la baja calidad nutritiva de los alimentos que esta industria produce, en la que priman otras características esenciales por encima de las nutritivas. Simplemente, lo que anuncian no es cierto. El supuesto sedentarismo no es el mal que nos hace engordar -aunque pueda contribuir a ello. Lo que nos hace engordar y padecer enfermedades degenerativas es la alimentación que nos colocan como saludable. Lo que arruina nuestra salud es beber bebidas altamente azucaradas, comer alimentos altamente procesados y carentes de los nutrientes esenciales que nuestro organismo demanda, abrir paquetes para comer en lugar de encender fogones, comprar chocolates, bollería, congelados, sucedáneos de carne y pescado, y toda una suerte de productos que son precisamente los que estas compañías producen. Y lógicamente, si les permitimos dictar lo que es bueno y lo que no en nuestra dieta, acabaran por convencernos de que la tierra es cuadrada con tal de que sus beneficios sigan creciendo. O incluso de que fumar es bueno para nuestra salud… Ah no! Espera, que a eso ya hemos jugado antes…

Normalmente, al final de mis artículos pido que si te han gustado te suscribas al blog o eches un vistazo a mis libros. En este caso, lo único que te pido es que le des difusión a este artículo compartiéndolo por cualquier método que se te ocurra para que todo el mundo sepa quién es quién verdaderamente recomienda esos hábitos de vida supuestamente saludables, para que cada persona sepa que quien le dice que mueva el culo es precisamente quién se lo engorda previamente, que quien le decía que fumar era bueno para su salud era precisamente quién fabricaba los cigarrillos. De modo que, por favor, comparte este artículo en tus redes sociales o como consideres más oportuno porque estoy convencido que la mayoría de personas desconocen que quien realmente promociona un estilo de alimentación y hábitos concretos es precisamente quien se beneficia de su consumo, o sea, el fabricante.

La gran mentira de la nutrición

La gran mentira de la nutrición

La gran mentira de la nutrición

Una cosa es leer el libro que acabas de terminar de escribir en Word y otra cosa muy distinta tenerlo en tu mano. Hoy he recibido mis ejemplares del libro La gran mentira de la nutrición, que se puso a la venta hace unos días en diversos formatos y webs. Aunque parezca mentira, como autor, la sensación de tenerlo en la mano es infinitamente superior a la de leerlo en la pantalla. Es como si de algún modo se confirmase que el trabajo está terminado, aunque este lo hubiese estado unas semanas antes. Confieso que como lector soy fan del kindle, que es donde leo el 95% de los libros que compro, pero como autor, siento cierta predilección por el libro en papel, por tenerlo en mi mano.

Hoy acaba oficialmente el ciclo de trabajo en este libro, en el que he invertido una más que considerable cantidad de horas, no sólo escribiéndolo, sino también investigando, leyendo estudios, buscando información y hablando con expertos de diferentes campos que confirmasen la información que he recopidado. Espero sinceramente que el libro os guste al menos igual que Adelgazar sin Milagros. En este nuevo libro he intentado escribir de los temas que más interés he visto que generaban aquí mismo, en el blog. Creo que existe un interés legítimo por parte del consumidor por conocer mejor qué ingredientes componen sus alimentos y como afectan estos alimentos a su salud y a la de su familia, y en eso he centrado una buena parte de mis esfuerzos.

Al escribir este libro he tratado por todos los medios de no repetir cosas que ya había aclarado en el libro anterior, pero al menos he tenido que mencionar algunas de ellas para los que no han leído Adelgazar sin Milagros. Sin embargo, estoy convencido que para la mayoría de las personas, casi toda la información contenida en La gran mentira de la nutrición es novedosa. Creo que al menos los padres que tengan niños en edad escolar deben leer este libro o libros similares para entender mejor lo que están dando de comer a sus hijos. Lógicamente, en el corto plazo los efectos de una deficiente nutrición pueden no ser apreciables en la salud de los pequeños, pero la historia nos demuestra que en el medio y largo plazo es más que probable que estemos plantando las semillas de una larga lista de problemas de salud en sus cuerpos, sobre todo en forma de enfermedades degenerativas que aparecerán con el transcurso de los años.

No se trata únicamente de estar delgado o gordo, sino de los efectos que los distintos alimentos tienen a medio y largo plazo en nuestro sistema digestivo, cardiovascular, neuronal e incluso en nuestro sistema reproductor. Todo lo que nos entra por la boca tiene el potencial de influir en nuestro rendimiento y bienestar, y por ello es prioritario conocer con cierto detalle como reacciona nuestro cuerpo a estos alimentos. En el libro, lo que trato de establecer en todo momento es una línea que separe el mito de la realidad, el marketing de producto de los beneficios reales para el consumidor, las creencias populares de la realidad científica. Y para ello, tengo que hablar naturalmente de casos concretos, de personas, de empresas, de marcas comerciales, de gobiernos y organismos oficiales e incluso de asociaciones de nutricionistas y dietistas.

Alguno puede tomarse esto como un ataque personas contra cualquiera de los anteriores, pero no tiene nada de personal y sí mucho de responsabilidad. Todo el mundo vive con miedo de decir que lo que hace el laboratorio X o la multinacional Y no está bien, porque tienen dinero suficiente como para sepultar a cualquier abogado que podamos utilizar para defendernos de ellos en toneladas de papeles e informes, y por eso es comprensible el miedo de muchos a hablar de estas marcas y estas empresas. Yo he preferido olvidarme de esos miedos al escribir en este libro y poner las cosas tal y como son, tal y como están documentadas. Puede que a una empresa o un laboratorio no le guste que yo cuente tal o cual cosa, pero si ocurrió y está documentado, yo la he contado.

Me gustaría que este libro fuese el detonante para que muchas personas dejen de hacer caso -al menos en materia de nutrición- a los anuncios de televisión que les dicen lo que es bueno y lo que es malo para su salud. Como explico en el libro, resulta curiosamente sorprendente que cada alimento que es -según los fabricantes- malo para nosotros, como la grasa saturada, es caro como materia prima para ellos y cada alimento que es teóricamente muy beneficioso para nosotros, como los cereales o la soja, es realmente barato como materia prima para ellos. He escrito este libro convencido de que puedo conseguir que muchas personas se planteen su cesta de la compra, sus hábitos alimenticios y su relación con la industria farmacéutica. Hace años que descubrí en primera persona y por necesidad que una gran parte de la medicina moderna está basada en fármacos que no curan, sino que alivian síntomas, y que estos síntomas desaparecen cuando entendemos la causa del problema y ponemos remedio, sin necesidad de utilizar fármacos de ninguna clase. Es mucho más sencillo, como dijo Hipócrates, usar nuestra alimentación como medicina natural, que es lo que explico en detalle en el libro al desterrar los mitos y las mentiras que rodean la nutrición moderna.

Este nuevo libro ya está disponible en las webs de Amazon en España,México, Brasil, Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Alemania, Italia, Francia, India, Japón y Australia y además se puede comprar directamente en la tienda online OutletSalud.com. En España, puede encargarse en cualquier librería y su plazo de entrega es de sólo 48 horas.

 

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La gran mentira de la competencia en el mercado

Mayonesa Casera Calvé

Mayonesa Casera Calvé

Una de las cosas que denuncio en mi nuevo libro, La gran mentira de la Nutrición, es la falta de competencia real en el mercado de la industria alimentaria. Aunque a priori parece que existen muchas marcas y muchos fabricantes de alimentos, la realidad no es exactamente esa. Esa falta de competencia real es el principal motivo por el que ciertos fabricantes pueden cometer todo tipo de abusos con el consumidor.

Para ejemplificar esto mejor, ayer mientras hacía la compra me paré a mirar un producto cuyo envase tenía una pinta excelente. Se trata de la mayonesa Calvé Casera. El bote es más pequeño de lo normal y la mayonesa un poco más oscura, y como en el etiquetado aparecen unas fotos de huevos y de aceite de oliva, pensé que sería similar a la que yo compro habitualmente, que es la mayonesa Musa con un 76% de aceite de oliva.

Lo cierto es que al mirar la composición de la mayonesa Calvé Casera y sus valores nutricionales que quedé estupefacto. Calvé, por si no lo sabéis, pertenece a la empresa Unilever, que también es dueña de Hellmann’s y Ligeresa entre otras marcas líderes del sector. Resulta que, en realidad, la mayonesa Calvé Casera tiene de casera lo que tengo yo de ruso, o sea, nada. Sin embargo, el fabricante no tiene reparo en, una clara violación de los más elementales principios éticos, etiquetarla con todo tipo de guiños y referencias a un producto casero.

Se ve que para los señores de Unilever en España una mayonesa casera se hace (en orden de mayor a menor concentración) con un 50% de aceite de soja -que no es del color amarillo oliva que aparece en la foto de la etiqueta-, agua, vinagre de vino (5,1%), yema de huevo de gallinas camperas, almidón de trigo, almidón modificado de maíz, azúcar, sal, cloruro potásico, aromas, espesantes (goma garrofin, goma guar), zumo de limón concentrado y colorante. Imagino que eso de hacer la mayonesa con el huevo completo, aceite de oliva y una pizca de sal y limón está anticuado y lo verdaderamente casero es ponerle almidones de cereales y granos, gomas y demás inventos.

Composición y valores nutricionales de la mayonesa Calvé Casera

Composición y valores nutricionales de la mayonesa Calvé Casera

A nadie debe extrañarle con esta composición que esta mayonesa tenga casi un 5% de carbohidratos cuando la mayonesa normal no debería tener ninguno o tenga menos de un 1% de proteínas porque no se usa el huevo completo, sino sólo la yema, lo que además supongo que explica que no emulsione la mezcla de manera adecuada y tengan que andar añadiéndoles almidones y espesantes.

A mi no me parece mal que haya una mayonesa de bote que tenga esta composición -y un precio acorde a dicha composición, claro-. Lo que me parece fatal es que esa mayonesa se presente como presuntamente casera, adornada con fotos de huevos y aceite de oliva, y que en realidad diste mucho de ser una mayonesa. En cualquier caso, y aunque yo compro la mayonesa que he comentado antes para tenerla en caso de emergencia o para algo rápido, por lo general lo recomendable es gastar un par de minutos, un huevo fresco, un buen aceite, un pellizco de sal y medio limón exprimido para obtener una mayonesa de calidad con unos valores nutricionales muy buenos, con unas proteínas y grasas de mucha calidad, que lejos de hacernos engordar (salvo que usemos cantidades disparatadas) nos servirá para aderezar multitud de recetas.

La mentira del Pan Integral

Pan Clarou

Pan Clarou

Las personas que están adelgazando de manera similar a como yo lo hice y explico en el libro, suelen echar de menos algunos alimentos. Para casi todos, he sido capaz de encontrar sustitutos razonablemente sabrosos, alimentos que pudiésemos comer y nos ayudaran a adelgazar. Desde postres dulces bajos en hidratos y ricos en proteínas hasta pastas fabricadas con glucomanano procedente de la raiz de konjac que contribuyen a la pérdida de peso. Sin embargo, se me ha resistido hasta ahora un alimento que gusta a casi todos por igual: el pan.

Todos hemos oído hablar alguna vez de las virtudes del pan integral. Cualquier persona que esté preocupada con controlar su peso o se encuentre realizando cualquier dieta para adelgazar recurre de inmediato al pan integral. Lo cierto es que, al menos en teoría, el pan integral en pequeñas porciones podría ser un buen aliado en la pérdida de peso, aportando hidratos de asimilación lenta y proporcionando fibra. ¿Cuál es entonces el problema con el pan integral? A priori, ninguno. Se trata de un pan fabricado con harina integral y esta harina teóricamente evita que el organismo asimile una gran parte de los hidratos contenidos en el trigo. Además, este pan tiene un índice glucémico más bajo que el pan blanco normal, de manera que aquellos hidratos que sí asimilemos, los obtendremos de manera razonablemente lenta, lo que debería evitar los picos de glucosa que provocan nuestro sobrepeso y nos impiden adelgazar.

Hasta aquí la teoría tiene sentido, pero veamos la cruda realidad. Lo ciertos es que es casi imposible encontrar pan integral. Me refiero a pan realmente integral, fabricado íntegramente con harina integral. No, no me he vuelto loco, simplemente leo las etiquetas de los productos que compro antes de comprarlos y tengo más que comprobado que entre la penosamente larga lista de ingredientes de los panes integrales, casi siempre hay, además de harina integral, harina normal, refinada, y no sabemos cuales son las proporciones de ambas. En el caso de las pastas integrales es aún peor. Las pastas integrales no las hacen con harina integral, las hacen con harina refinada y después les añaden después salvado. Esto viene a ser como comerse una cucharada de salvado de trigo después de comerse un bollo de pan blanco: no espere grandes resultados… Si, yo pienso igual que usted, un engaño más de la industria alimenticia, pero admitámoslo, a estas alturas y después de leer mi libro, espero que no coja por sorpresa a nadie.

Para que pudiésemos considerar el pan como un alimento nutritivo, rico en macronutrientes y apto para seguir una dieta baja en hidratos diseñada para adelgazar y mejorar la salud, tendrían que darse una serie de circunstancias lógicas. La primera sería que la harina utilizada procediese de una mezcla de cereales cuya molienda tenga menor índice glucémico que la harina de trigo pura. La segunda, que sus valores nutricionales estuviesen en consonancia con las enseñanzas de la Isodieta, o sea, que aportase aproximadamente el doble de proteínas que de grasas. La tercera circunstancia sería que el aporte de carbohidratos fuese realmente bajo en comparación con el pan normal. Por último, pero no menos importante, sería lógico pensar que además de todo, este hipotético pan debería estar bueno para que fuese apetecible.

No hace falta que explique que no es posible encontrar un pan con estas características en la panadería local, al menos de mi barrio. Básicamente, ningún producto de la panadería local nos ayudará a adelgazar, sino más bien al contrario. Sin embargo -y aquí llegan por fin las buenas noticias- sí existe este pan que acabo de describir, se puede comprar con facilidad y además está bueno. Se trata del Pan rico en Proteínas y bajo en carbohidratos de CiaoCarb. Este pan, que viene envasado en atmósfera protectora en paquetes de 4 bollos de 60gr cada uno y que hay que terminar en el horno en casa (5 minutos a 180º), reúne todas las características que acabo de describir. Sus valores nutricionales son espectaculares para tratarse de un pan. De este modo, encontramos que por cada 100 gramos de producto, el Pan de Clarou contiene aproximadamente 26 gramos de proteína, 11 gramos de grasa y sólo 13 gramos de carbohidratos. Esto quiere decir que en un bollito de 60 gramos de los cuatro que trae el paquete tenemos unos 16 gramos de proteína, 7 gramos de grasa y menos de 10 gramos de carbohidratos. Por si esto fuera poco, además aporta fibra, 6 gramos por cada 100g de producto, o lo que es lo mismo, casi 4 gramos por bollo. También debo añadir que no tiene lactosa ni gluten y es bajo en sal. Dicho así, ni siquiera parece pan…

Pan Rico en Proteinas de Clarou

Pan Rico en Proteínas de Clarou

Tengo que decir que en la lista de ingredientes de este pan, aunque encuentro alimentos curiosos, no veo conservantes ni productos químicos, algo que me satisface sobremanera porque cuando uno mira la lista de ingredientes de un pan industrial del montón dan ganas de salir corriendo. Digo que contiene alimentos curiosos porque además de harina de trigo, levadura, agua y sal, que es el pan por definición, este pan lleva alimentos como pipas de girasol, altramuces, linaza, mijo, semillas de sésamo y amapola, y algún otro más. La verdad, no se me habría ocurrido a mí hacer un pan con estos ingredientes en ocho vidas, pero debo reconocer que el resultado es muy bueno, con un aspecto similar al pan de semillas que venden en la mayoría de los supermercados y con unos valores nutricionales bastante distintos de éste, afortunadamente para los que quieran incluir un poco de pan a su dieta sin perder de vista el objetivo de adelgazar que se habían marcado.

Hace poco, un lector de mi libro me envió una receta para hacer pan casero utilizando sólo 3 ingredientes: huevo, levadura seca y atún en lata. Esta semana voy a probarla y la publicaré como alternativa a este pan. Quiero acabar diciendo que aunque este pan es apropiado para perder peso, no debe sustituir en ningún caso nuestros alimentos nutritivos. No hay que perder de vista que la proteína que contiene es de origen vegetal y por tanto no contiene todos los aminoácidos que necesitamos. Está bien tomarlo esporádicamente en algún desayuno o como acompañamiento de alguna comida que incite a usar algo de pan, pero no creo que debamos convertir este ni ningún otro pan en el centro de nuestra dieta.

Termino diciendo que estoy recopilando recetas que me mandan los lectores, algunas muy curiosas y apetecibles, y que las iré publicando cuando vaya encontrando algo de tiempo. Si alguien quiere animarse, sólo tiene que enviarme la receta y alguna foto. Con la debida autorización, publicaré el nombre del chef en cada caso 🙂